Cuando vemos animales tan fascinantes como el guepardo, capaz de alcanzar los 115 km/h, algunos vemos un precioso ejemplo de evolución, y otros ven la “prueba” de que estamos diseñados como si fuesemos máquinas…

Por eso mismo la carrera del guepardo o los ultrasonidos de los murciélagos no suelen ser buenos ejemplos para defender la evolución, ya que admiten (para algunos) la existencia de un Diseñador. Y por eso mismo me encantan las llamadas chapuzas evolutivas. Las chapuzas evolutivas ocurren porque la evolución no tiene un objetivo, no sabe preveer el futuro, y es ciega, así que hace lo que puede con los materiales de los que dispone, reciclando estructuras y siendo muy chapucera en general. Efectivamente por cada “prueba de majestuoso diseño” se puede citar una chapuza, y por eso inauguro esta sección, donde iré poniendo las chapuzas que encuentre, algunas más conocidas y otras menos.

De todas formas, aunque la evolución se comporte como Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio en muchas ocasiones, también hay complejos de maravillosa optimización, como por ejemplo el flagelo bacteriano, manido ejemplo de los creatas y que puede ser explicado (cómo no) de manera racional. Aquí podéis un vídeo sobre la evolución del flagelo, dedicado a los que hablan de complejidad irreductible:

Esto a sido la introducción, muy pronto empezaré a hablar de chapuzas de la evolución.