En la Muy Interesante de Octubre de 2007 (nº317) podemos ver un magnífico reportaje del fotógrafo Patrick Gries, titulado ¡Estamos en los huesos!. Consiste en una serie de fotos de vertebrados en los que pueden compararse sus osamentas. Las fotos son como he dicho realmente estupendas, y entre ellas podemos encontrar una serpiente, un guepardo, un caballo, una tortuga, un ornitorrinco… etc

Entre todas ellas hay una que me ha llamado particularmente la atención, por ser un ejemplo, si bien no de chapuza, claramente de limitación evolutiva. Hablo del esqueleto de la jirafa (Giraffa camelopardalis).

Hoy día la jirafa es el animal terrestre más alto y puede alcanzar fácilmente los 5 metros. Una parte importante de esta envergadura la ocupa su largo y característico cuello. Pues bien, este cuello, al igual que el de todos los mamíferos, tiene siete vértebras.

Puede que a nosotros nos basten siete, pero la verdad es que a cualquier diseñador con dos dedos de frente se le habría ocurrido que a un cuello tan largo no le vendrían mal unas cuantas vértebras más.

La explicación es sencilla: como ya he dicho todos los mamíferos tienen siete vértebras en el cuello, y la jirafa no podía librarse tan fácilmente. Su antepasado ‘cuellicorto’ tenía siete y conforme su cuello se alargó, la jirafa no pudo “inventar” nuevas vértebras. Eso sí, las reforzó enormemente como podéis suponer.

Jirafa