Somos animales extraños en muchos aspectos. En realidad somos más raros que normales si se nos compara con otros mamíferos/vertebrados/animales, sin duda una joya de estudio para futuras civilizaciones.

Uno de nuestros aspectos más extraños es que somos un mamífero sin pelo (¡dónde se ha visto eso!), la mayor parte de nuestro cuerpo está desprovista de pelo, o al menos este es un vello casi imperceptible.

Sin duda es algo que merece una buena explicación, y sin embargo no la tiene, al menos de momento. Aquí tenéis un resumen de algunas teorías propuestas:

En primer lugar tenemos la hipótesis del simio acuático. De manera muy original propone que nuestros antepasados simiescos llevaban una vida semiacuática, buscando alimento en aguas someras, y el pelo es muy molesto para un animal acuático (entre otras cosas no regula bien la temperatura) así que es más práctico sustituirlo por algo parecido a lo que tienen las focas y demás mamíferos acuáticos.

Esta hipótesis, si bien es muy bonita, no tiene prueba paleontológica alguna. Además si nuestro antepasado era semiacuático ¿cómo es que no siguió la evolución ese camino, adaptándonos a la vida acuática?, de todas formas nunca se sabe…

Otra teoría, más plausible, dice que perdimos nuestro pelaje como consecuencia del paso del bosque a la sabana: en el bosque el abrigado pelaje de los chimpancés es imprescindible, pero para caminar por la sabana resulta bastante incómodo.

De todas formas si esto fuera cierto se debería explicar cómo conseguimos mantener la temperatura en las frías noches.

Una última teoría sugiere que en la carrera armamentística evolutiva perdimos el pelo para eliminar (o reducir drásticamente) la presencia de molestos parásitos externos, que son portadores de una cantidad importante de enfermedades, algunas de ellas letales. Nuestros antepasados, capaces de abrigarse con pieles y hogueras podrían haber perdido el pelo sin sufrir a cambio el frío.

Sin duda un tema muy interesante, ¿vosotros que opináis?

planeta de los simios

Fuente: Investigación y Ciencia nº 374 (noviembre 2007)