La mayoría habéis acertado esta adivinanza, por lo menos de forma general. Se trataba de un parásito de caracoles, concretamente del género Leucochloridium (si hay algún experto en la materia igual nos puede concretar la especie).

leucochloridium

Ser un parásito en biología no es nada fácil (ser parásito social es otra cosa), y una especie de vida libre debe enfrentarse a multitud de retos para llegar a ser parásita. Así mismo los mismos individuos de una especie ya parásita deben superar muchas adversidades antes de poder colocarse en un hospedador definitivo calentito y acogedor.

Este es el caso de nuestro amigo, “Leuco”, que debe ser capaz de llegar desde un caracol hasta un ave. El proceso es más o menos así:

Un pobre e inconsciente caracol se acerca a una peligrosa caca de pájaro… llena de huevos de “Leuco”. Las larvas entran en el desdichado caracol (hospedador intermediario) y se desarrollan en su interior, una vez han alcanzado el tamaño adecuado migran a la parte cefálica, concretamente a las antenas, donde juegan un doble papel: en primer lugar actuar de “semáforos”, mediante movimientos característicos y mediante un color llamativo. En segundo lugar ordenar al caracol que en vez de buscar las partes más protegidas de la vegetación, vaya directamente a las hojas más altas, donde será rápidamente visto por algún pájaro que se lanzará sobre el “zombificado” caracol… y fin del juego (para el caracol) y ciclo completado para nuestras larvas, que encuentran al hospedador definitivo, se desarrollan hasta adultas y otra vez a empezar.

(Continúa la entrada con vídeos que pueden resultar desagradables, avisados estáis)

Aquí tenemos un “Leuco” haciéndose notar:

Aquí un par de “Leucos” abriéndose paso hasta los apéndices oculares:

Y por último aquí el ciclo contado en inglés (con un final afortunado para el caracol)