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Pues eso, que ahora hay dos huecos más que llenar: el eslabón perdido entre mamíferos totalmente terrestres y este Indohyus raoellidae y el eslabón entre el Indohyus raoellidae y las primeras ballenas. (Me temo que los creacionistas han vuelto a ganar
)
Bueno bromas aparte, se ha encontrado en un yacimiento en Cachemira los restos fósiles de un pequeño animal similar a una mezcla entre roedor y antílope (artiodáctilos, mamíferos ungulados, de los que ya se sospechaba parentesco con los cetátceos). El descubrimiento corre a cargo de Hans Thewissen, quien ya nos sorprendió en 1994 con los restos del Ambulocetus, y en 2001 con los de Pakicetus.
Hace aproximadamente 48 m.a. un pequeño mamífero cuadrúpedo comenzó la larga aventura de convertirse en cetáceo. Aquí tenéis a nuestro nuevo amigo:

Seguramente os preguntaréis cómo se ha podido llegar a la conclusión que semejante bicho es antepasado de las ballenas. Básicamente la estructura de los oídos y premolares es similar, al igual que la densidad de los huesos de los miembros. También tenía una piel más gruesa que la de otros mamíferos similares.
El equipo de Thewissen ha descubierto que en contra de lo que se creía, que las ballenas no se hicieron acuáticas para comer pescado. De hecho el Indohyus se alimentaba de plantas. El cambio de dieta fue posterior.
El Indohyus no era un experto nadador, simplemente vadeaba aguas bajas gracias a que la densidad de sus huesos era mayor. De esta manera las patas le servían de lastre, pudiendo”caminar bajo el agua”.
Por último, en el artículo que sale esta semana en Nature, concluyen que el cambio más drástico no fue el cambio de medio, sino el cambio de dieta. Fue la dieta carnívora lo que promovió el gran cambio evolutivo.
Para acabar aquí tenéis un vídeo con una especie de Indohyus actual: un ciervo-ratón (Chevtrotain queda mejor). [Consejo: la voz del narrador es repelente, evitadla
]
Más información en El Mundo
Haciendo limpieza te puedes dar una enorme sorpresa, como la que me he llevado hoy al encontrar el primer libro sobre dinosaurios que tuve, y que había olvidado completamente. La edición es de 1990 y no he podido evitar leerlo con una sonrisa, he aquí una muestra:
En un pasado lejano, cuando el hombre aún no existía, toda la Tierra estaba poblada por los dinosaurios: una raza de gigantescos lagartos, provistos de colmillos, cuernos y uñas.
Aunque con su aspecto espantoso nos asusten, los gigantescos dinosaurios eran, por lo general, pacíficos comedores de plantas. Naturalmente, también entonces existían los malos: pequeños, ágiles y feroces, atacaban en grupo a los paquidermos y los hacían pedazos.
Grandes como un avión, largos como un tren, pesados como casas: unos verdaderos y excesivos gigantes (como si hubieran sido fallos de la naturaleza). Si vivieran hoy en día, no nos gustaría tenerlos a nuestro alcance.
… sólo las ballenas pueden competir en peso y longitud con estos animales tan enormes. ¡Fijaos que, según algunas teorías, los más grandes tenían una especie de segundo cerebro, puesto en el centro de la columna vertebral, para coordinar los movimientos de esa enorme masa muscular!
Los dinosaurios vivían en todas partes: en el aire, en la tierra, en los pantanos y en el mar. Naturalemnte, el ambiente en el que tenían que moverse hizo que desarrollaran en ellos las características adecuadas.
… otras teorías acusan a los pequeños mamíferos que justo en esa época se desarrollaron enormemente, devorando tal vez los huevos de dinosaurio. Otras hablan de enfermedades, o de la aparición de plantas venenosas. Se piensa incluso en la intervención de misteriosos habitantes de otros planetas… (pero qué c…?)
Muchos animales que pueblan la Tierra hoy en día descienden de los dinosaurios [...] Se trata de los cocodrilos, de las serpientes, de los pequeños reptiles, como las lagartijas y los camaleones, de las tortugas, y, cosa curiosa, de todas las especies de pájaros.
Salvando antropomorfismos, errores conceptuales, pajas mentales y demás era un libro bien simpático, que aún recuerdo con ilusión. Luego vinieron otros libros, y muñecos, y hasta peluches.
Por cierto me ha llamado la atención del libro esa insistencia de convertir a los dinosaurios en animales gigantescos, enormes, inmesurables. Como si no fueran interesantes si fueran del tamaño de un perro…
Hoy he oído por enésima vez, y encima en boca de un profesor (no es la primera vez tampoco) el famoso mito del ciervo gigante y su extinción. Voy a contar bien la historia, para que la próxima vez que alguien os ponga este ejemplo podáis decirle que se equivoca y quedar como un señor
El Megaloceros giganteus, o alce irlandés, o ciervo gigante, fue el mayor cérvido de la historia, y sus astas medían hasta 3 metros de punta a punta. El mayor Bambi conocido.
Suele ponerse como ejemplo de extinción sexual, o extinción debida a una selección sexual llevada al límite: las hembras preferían a los machos con cornamentas mayores, así que con el paso del tiempo los pobres machos llegaron a tener unas astas tan enormes que les impedían moverse con soltura, quedando a merced de depredadores o incluso siendo incapaces de moverse.
Esto es falso, como bien explica Gould en algún ensayo (no recuerdo el título ahora mismo) ya que si realizamos una proporción en relación con el resto del cuerpo se ve claramente como las astas del Megaloceros eran acordes a su masa corporal. Está claro que eran mayores en tamaño incluso a las del alce (el mayor cérvido actual) pero insisto que en proporción presentaban el tamaño adecuado.
En realidad, y según un artículo de Nature, el ciervo gigante sobrevivió hasta la entrada de la Era Moderna, extinguiéndose hace 7.000 años. La causa de su extinción es desconocida hasta ahora… ¿fuimos nosotros una vez más? No es descartable…
Más información sobre el artículo de Nature aquí
Somos animales extraños en muchos aspectos. En realidad somos más raros que normales si se nos compara con otros mamíferos/vertebrados/animales, sin duda una joya de estudio para futuras civilizaciones.
Uno de nuestros aspectos más extraños es que somos un mamífero sin pelo (¡dónde se ha visto eso!), la mayor parte de nuestro cuerpo está desprovista de pelo, o al menos este es un vello casi imperceptible.
Sin duda es algo que merece una buena explicación, y sin embargo no la tiene, al menos de momento. Aquí tenéis un resumen de algunas teorías propuestas:
En primer lugar tenemos la hipótesis del simio acuático. De manera muy original propone que nuestros antepasados simiescos llevaban una vida semiacuática, buscando alimento en aguas someras, y el pelo es muy molesto para un animal acuático (entre otras cosas no regula bien la temperatura) así que es más práctico sustituirlo por algo parecido a lo que tienen las focas y demás mamíferos acuáticos.
Esta hipótesis, si bien es muy bonita, no tiene prueba paleontológica alguna. Además si nuestro antepasado era semiacuático ¿cómo es que no siguió la evolución ese camino, adaptándonos a la vida acuática?, de todas formas nunca se sabe…
Otra teoría, más plausible, dice que perdimos nuestro pelaje como consecuencia del paso del bosque a la sabana: en el bosque el abrigado pelaje de los chimpancés es imprescindible, pero para caminar por la sabana resulta bastante incómodo.
De todas formas si esto fuera cierto se debería explicar cómo conseguimos mantener la temperatura en las frías noches.
Una última teoría sugiere que en la carrera armamentística evolutiva perdimos el pelo para eliminar (o reducir drásticamente) la presencia de molestos parásitos externos, que son portadores de una cantidad importante de enfermedades, algunas de ellas letales. Nuestros antepasados, capaces de abrigarse con pieles y hogueras podrían haber perdido el pelo sin sufrir a cambio el frío.
Sin duda un tema muy interesante, ¿vosotros que opináis?

Fuente: Investigación y Ciencia nº 374 (noviembre 2007)
Hoy va de noticias paleontológicas la cosa. En primer lugar, los perros salvajes se dispersaron por la Tierra al mismo tiempo que nosotros. Según un grupo de paleontólogos españoles la cuna de los perros salvajes africanos estaría en Asia, curiosamente hace aproximadamente 1,9 m.a. y al mismo tiempo que nosotros decidíamos viajar hacia el este ellos optaron por el camino contrario.
Para decir todo esto se basan en que en China han encontrado restos de Lycaon lycaonoides muy similares a los que viven actualmente en África. Más información en El Mundo. Por cierto un tirón de orejas para los redactores, que el titular es algo confuso: los “perros” suelen hacer referencia a nuestros animales de compañía (Canis lupus familiaris) y estos, como todos sabemos, descienden del lobo. Los perros salvajes del artículo van por separado y pertenecen a otro género, un ejemplo actual es el Licaón (Lycaon pictus).
Por otra parte en Crevillent (Alicante) han descubierto los restos fósiles de un mastodonte de hace 8 m.a. , el descubrimiento podría pertenecer a una nueva especie de mastodonte, el tiempo lo dirá. El yacimiento está a cargo del Museo Paleontológico de Elche (que por cierto tiene una bonita página web). Los mastodontes se incluyen en el orden Proboscidia, del que sólo queda una afortunada familia, la del elefante (Elephantidae)
Hace tiempo hablé de la influencia de las matemáticas en la naturaleza y hoy traigo más números aplicados al desarrollo de los seres vivos. Se trata de dos hombres con sus respectivos trabajos:
D’Arcy Wentworth Thompson (1860-194
pasó su vida fuera de las corrientes principales y escribió en 1917 un visionario libro titulado Sobre el crecimiento y la forma, un tocho de más de 1000 páginas, con numerosas ilustraciones y muy ignorado en su tiempo. Posteriormente se ha convertido en una obra de referencia para biólogos, matemáticos y hasta arquitectos. Se le considera el primer biomatemático.
Wentworth consideraba que los biólogos estaban sobrestimando el papel de la evolución, dejando de lado el papel de la física y mecánica como determinantes (y limitantes) de la forma y estructuras de los seres vivos. Vamos que la evolución no lo puede todo: un animal no puede superar un tamaño determinado, por ejemplo.
Desarrolló una teoría de las coordenadas transformadas que explicaba cómo podían surgir las diferentes formas de los animales mediante transformaciones matemáticas relativamente simples.
Por ejemplo aquí tenemos tres especies de cocodrilo que aparecen por modificación de los ejes:
Y aquí lo mismo con varias especies de peces:
Como he dicho la obra pasó bastante desapercibida hasta que fue redescubierta y actualmente es bastante importante en algunos campos.
El segundo personaje es David M. Raup es un paleontólogo y biomorfólogo estadounidense, experto en extinción.
Raup descubrió que se podía obtener cualquier concha de gasterópodo a partir de un modelo inicial, modificando ligeramente cualquiera de las tres coordenadas implicadas. Más fácil de entender con un dibujo:
Modificando el valor de W y T se obtienen conchas de diferentes gasterópodos y hasta de bivalvos:
Aparte de repetir la importancia de las matemáticas para el estudio de la biología, termino con dos conclusiones:
En primer lugar, a la hora de pensar en evolución, nunca hay que dejar de lado que la evolución no es todopoderosa. No lo puede todo, no ya en el sentido de que sea chapucera y haga lo que pueda con los materiales de los que disponga, si no que no está libre de cumplir las leyes de la física. La evolución tiene unos límites que facilitan su estudio.
Por otra parte se concluye de estos dos trabajos que la evolución puede ser relativamente sencilla en ocasiones. Quiero decir que en algunos casos una pequeña modificación en un eje puede acarrear un cambio morfológico muy grande. Si tenemos en cuenta que el desarrollo lo determinan unos genes concretos, podemos ver cómo una mutación en esos genes puede conseguir nuevas formas y quizás, con suerte y con el tiempo, nuevas especies.
Un fémur y una tibia de más de un metro de longitud pertenecientes a un dinosaurio han aparecido en el yacimiento de la Tejera ( Barbadillo del Mercado. Burgos) en el que se excavaba desde el 31 de Julio.
No ha sido una sorpresa, las piezas ya habían quedado parcialmente descubiertas por la erosión del agua. Por eso mismo se agilizaron los trabajos de extracción, ya que de otro modo las piezas podrían haber quedado dañadas.
Según Fidel Torcida, el director de la exavación, se trata de un Ornitópodo, perteneciente seguramente al Orden Iguanodontia. (Incluye a los Iguanodones, y a los pico de pato. Se trata de grandes herbívoros en cualquier caso.)
El fémur mide 1,20m y la tibia 1,10. El peso del ejemplar estaría en torno a 5 toneladas.
Sin embargo el yacimiento se abandonará por falta de presupuesto, ya que haría falta una excavadora y no disponen de tanto dinero. Una lástima..

Fuente: El Mundo










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