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Gould: El cazador cazado


Quizá hayas leído algún libro de Gould. Alguno de ensayos, o puede que La Vida Maravillosa. Lo que es menos probable es que hayas leído el ladrillo (ladrillo sin ánimo despectivo, que El Origen de las Especies también lo es) de La Falsa Medida del Hombre. En él, Gould intentaba echar por tierra muchas teorías deterministas basadas según él en los prejuicios, según las cuales las diferencias sociales y económicas en los distintos grupos obedecerían a la genética.

Si habéis leído algún libro de Gould (y si no tranquilos, ahora os lo cuento) os habréis dado cuenta de tres constantes en sus escritos: a Gould le gustaba el Béisbol, a Gould le gustaba citarse más que a un tonto un palo, y por último para Gould el mundo científico estaba lleno de prejuicios, que impedían en muchas ocasiones realizar mediciones e investigaciones fiables.

Una de las partes más famosas, impactantes y citadas de La Falsa Medida del Hombre hace referencia a Samuel Morton y sus mediciones de volúmenes de cráneos. Es tan impactante que al leerla, le dediqué una entrada en su día, aterrorizado en mi ingenuidad de estudiante de que un científico repleto de objetividad y buenas intenciones pudiera comenter un sesgo tan grave. Morton, considerado un objetivista ejemplar en su época, realizó una cantidad ingente de medidas en una colección asombrosa de cráneos que logró adquirir por todo el mundo. Morton realizaba la medición del volúmen de los cráneos a partir de semillas primero y balines después.

Según Gould, los prejuicios de Morton le llevaron a querer demostrar ya desde el principio (probablemente de manera inconsciente) que los Caucásicos eran superiores, y sesgó sus mediciones (también involuntariamente) para conseguirlo. Esa parte se ha convertido en posiblemente la más citada del libro y durante los siguientes 30 años, Morton se convirtió en un cuento de viejas que los doctorandos contaban a los becarios antes de irse a dormir: «Ten cuidado al realizar las mediciones o te pasará como al pobre Morton», decían en las noches de tormenta. En realidad esto ya es curioso porque no está muy claro que Morton equiparara (incorrectamente de hacerlo) el volumen craneal con la inteligencia, de manera que aún si según sus datos los caucásicos «ganaran» (que no es el caso) habría sido una victoria un poco de chichinabo.

El efecto somnífero del libro permanece intacto a pesar de todo.

Una publicación reciente intenta desmontar estos hechos. Considera que Gould erró en sus conclusiones, y posiblemente menos involuntariamente de lo que aseguraba que lo había hecho Morton. Intentemos explicar por encima algunos de los puntos en los que se basan para decir esto:

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El mono desnudo


Somos animales extraños en muchos aspectos. En realidad somos más raros que normales si se nos compara con otros mamíferos/vertebrados/animales, sin duda una joya de estudio para futuras civilizaciones.

Uno de nuestros aspectos más extraños es que somos un mamífero sin pelo (¡dónde se ha visto eso!), la mayor parte de nuestro cuerpo está desprovista de pelo, o al menos este es un vello casi imperceptible.

Sin duda es algo que merece una buena explicación, y sin embargo no la tiene, al menos de momento. Aquí tenéis un resumen de algunas teorías propuestas:

En primer lugar tenemos la hipótesis del simio acuático. De manera muy original propone que nuestros antepasados simiescos llevaban una vida semiacuática, buscando alimento en aguas someras, y el pelo es muy molesto para un animal acuático (entre otras cosas no regula bien la temperatura) así que es más práctico sustituirlo por algo parecido a lo que tienen las focas y demás mamíferos acuáticos.

Esta hipótesis, si bien es muy bonita, no tiene prueba paleontológica alguna. Además si nuestro antepasado era semiacuático ¿cómo es que no siguió la evolución ese camino, adaptándonos a la vida acuática?, de todas formas nunca se sabe…

Otra teoría, más plausible, dice que perdimos nuestro pelaje como consecuencia del paso del bosque a la sabana: en el bosque el abrigado pelaje de los chimpancés es imprescindible, pero para caminar por la sabana resulta bastante incómodo.

De todas formas si esto fuera cierto se debería explicar cómo conseguimos mantener la temperatura en las frías noches.

Una última teoría sugiere que en la carrera armamentística evolutiva perdimos el pelo para eliminar (o reducir drásticamente) la presencia de molestos parásitos externos, que son portadores de una cantidad importante de enfermedades, algunas de ellas letales. Nuestros antepasados, capaces de abrigarse con pieles y hogueras podrían haber perdido el pelo sin sufrir a cambio el frío.

Sin duda un tema muy interesante, ¿vosotros que opináis?

planeta de los simios

Fuente: Investigación y Ciencia nº 374 (noviembre 2007) 

Sólo más inteligentes


Vuelvo a vosotros después de varios días desaparecido, el motivo: días con 8 ó 9 horas de clase que me dejan rendido, y mi lucha (que creo que terminará mañana) por cambiar la mitad de mis laboratorios, ya que en la universidad se hacen las cosas tan bien que siempre se te acaba «montando» alguna clase y encima luego no te la cambian…

El caso es que cuando estás reventado y no tienes tiempo para escribir nada lo mejor es poner un vídeo o una viñeta o algo así (que listo soy 😉 ) y Gandarall me ha dado una gran idea, en Belleza Animal dijo: «si exceptuamos nuestro magnífico cerebro somos anatómicamente criaturas bastante insulsas, y sin embargo logramos expandirnos desde África hasta habitar todos los continentes, desarrollando una compleja y hermosa cultura y sociedad» (podéis seguir la conversación aquí)

Esto es totalmente cierto. Somos las criaturas más inteligentes, pero no somos muy grandes, ni fuertes, ni ágiles. Físicamente no podríamos hacer frente a gran parte de animales, y aún así nos hemos impuesto. Y es algo curioso, no penséis en cómo se las apañaba el Homo erectus o el Homo sapiens en sus orígenes, si no cómo se arreglaban los primeros Australopithecus: pequeños homínidos, bípedos, y físicamente muy inferiores a sus depredadores. Sólo contaban con la ventaja de una mayor inteligencia (además de vivir en grupo), muchas veces su única solución era subirse rápidamente al árbol más cercano. Y sin embargo lograron sobrevivir y dar lugar al depredador más mortífero de la historia (qué bonito me ha quedado eso =P). Durante mucho tiempo no fuimos mas que monos inteligentes…

Pues esta desventaja física tan grande que tenemos se plasma muy bien en la siguiente viñeta de Calvin y Hobbes (me encanta Calvin y Hobbes):

Calvin

Y nada más por el momento, espero tener tiempo el fin de semana de escribir algo interesante.

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