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Fuga de cerebros para dummies


No busco hablar de cierta película española un poco mala. Lo que pretendo explicar es, de una manera sencilla que hasta Wert pueda entender, por qué la fuga de cerebros no es algo bueno. Y para explicar este problema a un español, qué mejor forma que hacerlo con una metáfora futbolística. Sí, vamos a hablar de fúrgol (y otros deportes).

Todo deportista tiene una etapa de aprendizaje/maduración, una etapa de oro, y una etapa de declive/retirada. En la etapa de oro es cuando se consiguen los méritos que lo harán famoso. Es cuando se ganan mundiales, tours, eurobaskets y medallas olímpicas. La etapa de retirada no es el fin, porque se puede pasar a ser entrenador, que es un papel imprescindible para ayudar a otros a ganar y a triunfar.

Supongamos ahora que, en este país que tan orgulloso está de sus méritos deportivos, muchos de estos deportistas hayan tenido que irse a otros países y que (aquí vamos a hacer un pequeño esfuerzo imaginativo) los triunfos que obtenga en el extranjero sean propiedad de ese país. Supongamos que Villa lleva a ganar el mundial a la Selección Inglesa. Que Contador (en este pequeño esfuerzo imaginativo no ha sido acusado de dopaje) le da varios Tours a Francia. Que Nadal se convierte en un orgullo para Alemania.

Todo es, por supuesto, una metáfora. Villa podría como mucho jugar en un equipo inglés, nunca en la selección. Pero el mundo científico no es así. Y podríais decir: pero a pesar de todo Villa sigue siendo español, y sería un orgullo para España que el pichichi de la Selección Inglesa fuera español. Todo lo que tú quieras, pero el Mundial sigue siendo de Inglaterra. También podríais decir, como parecer pensar Wert: bueno pero no pasa nada si se van, luego pueden volver. Vale, pero aún en el caso de que puedan volver porque les ofrezcan un puesto en España, y que no decidan quedarse porque ya han establecido su familia allí, aunque se cumplan todos esos supuestos y Nadal vuelva… los mejores años de su vida se los habrá dado a Alemania. Sus posibles victorias serán alemanas (pero Nadal sigue siendo español. Vale, si eso te consuela…).

Lo que España recibiría sería un Nadal fondón de cuarenta tacos. Sabría mucho de tenis. Seguro que más que a su ida. Aún puede hacer grandes cosas. Puede dirigir a otros, puede enseñar a otros. Sí, pero sus mejores años ya se los ha dado a otro país. Y si la mitad de sus alumnos también abandonan España, la cosa se acaba convirtiendo en un Ciclo sin Fin (que lo envuelve todo). Además sólo volvería un pequeño porcentaje (en este caso le ha tocado a Nadal). Al resto no los volveríamos a ver.

Por contra, tenemos el caso (real) de deportistas como Piqué o Cesc: emigraron, aprendieron, volvieron y triunfaron. Abandonando la metáfora deportista, viajar no es malo para un científico. Pero una cosa es hacer una (extremadamente) productiva estancia temporal, y otra muy diferente es abandonar el barco. Creo que el Gobierno puede hacer algo mejor con la Ciencia española que empujarla hasta que se caiga en una lancha-patera. No sólo puede sino que es su responsabilidad si queremos tener algún futuro como país.

Esta entrada se me ocurrió en el mismo instante que vi esta noticia, e incluso escribí un tweet al respecto, pero por diversos motivos no me he animado a escribirla hasta ahora. En parte tras leer la opinión de Sonicando al respecto.

Nanorobots a la caza de células leucémicas


Un equipo de científicos de Boston ha logrado fabricar nanorobots de ADN capaces de unirse selectivamente a determinadas células.

Los nanorobots pueden estimular la actividad de los linfocitos del sistema inmune, o marcar para su posterior eliminación a determinadas células cancerosas.

La bionanotecnología es una rama de la biología molecular que ha sufrido un vertiginoso crecimiento en los últimos años. Su objetivo es el diseño de herramientas (tecnología) obtenidas a través de elementos biológicos (bio) de dimensiones nanométricas (nano, la milmillonésima parte de un metro) como son el ADN o las proteínas, que puedan aplicarse en campos como la medicina.

Científicos de la Escuela Médica de Harvard (Boston, MA) han logrado crear, tal y como se publica hoy en la revista Science, un nanorobot de ADN capaz de interactuar selectivamente con las células, induciendo cambios en su comportamiento.

El Dr. Shawn M. Douglas y su equipo han logrado formar estos nanorobots a partir de ADN plegado mediante la técnica conocida como origami, que como su propio nombre indica, permite una gran versatilidad a la hora de moldear el ADN. De esta forma consiguieron fabricar una estructura en forma de “barril” hexagonal, con un sistema de apertura controlada. El sistema de apertura sigue un sistema de dos “cerraduras” que asegura que la estructura sólo se abra cuando el nanorobot encuentre una célula que disponga de las dos “llaves”, asegurando la selectividad del proceso.

Nanorobot de ADN cerrado (izquierda) y abierto, listo para liberar su carga (derecha). Fuente: Science.

La utilidad del descubrimiento consiste en cargar estos nanorobots de ADN con moléculas que tengan la capacidad de estimular la inhibición o activación de determinados procesos celulares. Esta estimulación sería totalmente selectiva, ya que los nanorobots circularían cerrados por la sangre y solamente se abrirían, liberando su carga, al interactuar con las células de interés. Esto permitiría activar el sistema inmune, o detectar y eliminar ciertas células cancerosas, disminuyendo al mínimo los efectos secundarios.

El equipo de investigadores de Massachusetts ha probado la eficacia del método en cultivos celulares, donde se demostró su alta selectividad, incluso en condiciones fisiológicas simuladas, y su capacidad de unirse a las células deseadas independientemente de su concentración. “Queda mucho trabajo que hacer” asegura el Dr. Douglas “aún no hemos demostrado que el sistema funcione en animales”. Según el investigador, la siguiente etapa será disminuir el coste de fabricación de los nanorobots, para que puedan empezar a ser probados en modelos animales, que sería el paso intermedio antes de poder comenzar las pruebas en humanos. En opinión del Dr. Douglas, también debe mejorarse la vida de los nanorobots, ya que no deben ser degradados antes de poder cumplir su función.

Entre las posibles aplicaciones de los nanorobots de ADN podemos encontrar el tratamiento de cánceres de tipo leucémico, en los que las células infectadas se desplazan a lo largo del torrente sanguíneo, dificultando su eliminación, por lo que la mejor manera de eliminarlas podría ser el empleo de estos nanorobots selectivos que patrullen la sangre a la caza de células cancerosas. Por el mismo motivo, el dispositivo también podría ser útil para combatir enfermedades autoinmunes e incluso ciertas inflamaciones crónicas.


Cambios de paradigma y ciencia chapucera


Los cambios de paradigma se caracterizan por una agitación intensa y una elevada productividad, seguidas, cuando las cosas se asientan, por un período de lo que se denomina “ciencia normal”. En función de la magnitud del cambio y del tipo de ciencia en cuestión, la fase inicial de entusiasmo y productividad puede durar meses o años. Los cambios de paradigma pueden ser el motor que impulsa el descubrimiento científico, pero al mismo tiempo están abiertos a la explotación a través de lo que yo llamo “efecto del carro de la música”. La oleada de entusiasmo por un área de investigación nueva y de moda crea una oportunidad utilizada por algunos investigadores para publicar trabajos concebidos precipitadamente y pobremente ejecutados, lo que les permite subirse al carro de la música. Este proceso se ve facilitado por dos factores. En primer lugar, las nuevas áreas de investigación tienen, por definición, pocos expertos capaces de evaluar de manera crítica el trabajo de los demás. En segundo lugar, los editores de las revistas científicas, ávidos de promover sus revistas mediante la publicación de resultados procedentes de áreas de investigación punteras, tienden a ser menos críticos de lo que son en otras ocasiones. Probablemente los cambios de paradigma siempre han estado acompañados por una parte de ciencia chapucera, pero estoy convencido de que la situación se ha agravado mucho a medida que aumentaba la competencia por los fondos de investigación o por las plazas en las universidades.

Tim Birkhead en Promiscuidad (las negritas son mías), un apasionante relato sobre la competencia espermática y la (por decirlo finamente) poliandria femenina.

7 cualidades imprescindibles en un buen investigador


Sé que actualmente la vocación científica no se encuentra en su mejor momento en España, y mi última intención es que huyáis agitando los brazos al leer esta entrada, pero veo necesario recordar que la carrera investigadora es muy dura y vocacional. La siguiente lista intenta resumir algunas de las capacidades que considero imprescindibles para llegar a ser investigador, aunque en realidad muchas de ellas lo son para casi cualquier trabajo.

1. Humildad ante el fracaso y ante los demás.

La primera lección que se debe aprender en la vida es que ni todo sale bien siempre, ni somos perfectos (aunque algunos estemos muy cerca). Bromas aparte, lo primero que deberías tener claro al entrar a un laboratorio, y siendo poco ortodoxo es que la vas a cagar mucho y muchas veces. Por eso mismo te van a corregir mucho y muchas veces. Esto no significa que seas un patán, pero todo el mundo mete la pata y todo el mundo tiene que aprender. Si no estás preparado, si tu ego no es capaz de soportar esto, y sobretodo, si no tienes la paciencia para empezar una y otra vez, y encajar que el trabajo de tu última semana, mes o (Darwin no lo quiera) año no ha servido para nada… entonces tienes un problema. Si eres capaz de sacar partido de tus errores… entonces aprenderás mucho y rápido.

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Gould: El cazador cazado


Quizá hayas leído algún libro de Gould. Alguno de ensayos, o puede que La Vida Maravillosa. Lo que es menos probable es que hayas leído el ladrillo (ladrillo sin ánimo despectivo, que El Origen de las Especies también lo es) de La Falsa Medida del Hombre. En él, Gould intentaba echar por tierra muchas teorías deterministas basadas según él en los prejuicios, según las cuales las diferencias sociales y económicas en los distintos grupos obedecerían a la genética.

Si habéis leído algún libro de Gould (y si no tranquilos, ahora os lo cuento) os habréis dado cuenta de tres constantes en sus escritos: a Gould le gustaba el Béisbol, a Gould le gustaba citarse más que a un tonto un palo, y por último para Gould el mundo científico estaba lleno de prejuicios, que impedían en muchas ocasiones realizar mediciones e investigaciones fiables.

Una de las partes más famosas, impactantes y citadas de La Falsa Medida del Hombre hace referencia a Samuel Morton y sus mediciones de volúmenes de cráneos. Es tan impactante que al leerla, le dediqué una entrada en su día, aterrorizado en mi ingenuidad de estudiante de que un científico repleto de objetividad y buenas intenciones pudiera comenter un sesgo tan grave. Morton, considerado un objetivista ejemplar en su época, realizó una cantidad ingente de medidas en una colección asombrosa de cráneos que logró adquirir por todo el mundo. Morton realizaba la medición del volúmen de los cráneos a partir de semillas primero y balines después.

Según Gould, los prejuicios de Morton le llevaron a querer demostrar ya desde el principio (probablemente de manera inconsciente) que los Caucásicos eran superiores, y sesgó sus mediciones (también involuntariamente) para conseguirlo. Esa parte se ha convertido en posiblemente la más citada del libro y durante los siguientes 30 años, Morton se convirtió en un cuento de viejas que los doctorandos contaban a los becarios antes de irse a dormir: “Ten cuidado al realizar las mediciones o te pasará como al pobre Morton”, decían en las noches de tormenta. En realidad esto ya es curioso porque no está muy claro que Morton equiparara (incorrectamente de hacerlo) el volumen craneal con la inteligencia, de manera que aún si según sus datos los caucásicos “ganaran” (que no es el caso) habría sido una victoria un poco de chichinabo.

El efecto somnífero del libro permanece intacto a pesar de todo.

Una publicación reciente intenta desmontar estos hechos. Considera que Gould erró en sus conclusiones, y posiblemente menos involuntariamente de lo que aseguraba que lo había hecho Morton. Intentemos explicar por encima algunos de los puntos en los que se basan para decir esto:

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