Archivos en la Categoría: Libros

5 motivos por los que la Autobiografía de Darwin debería ser leída por todo joven biólogo


Recientemente terminé de leer la Autobiografía (sin censurar) de Darwin publicada por Laetoli y no ha dejado de maravillarme en muchos aspectos. Se puede decir que me ha encantado «conocer» al hombre tras una de las teorías más fascinantes de la historia de la ciencia. Por todo esto, no me faltan motivos a la hora de decir que este debería ser el primer libro, científico o de divulgación, que debiera leer un futuro estudiante de Biología o incluso me atrevería a decir que un futuro científico. Espero convenceros con estos cinco puntos:

1) Es la vida de una de las mentes más importantes de la biología, y contada por él mismo. Un retrato histórico de una época, que nos muestra a una persona con la que, sospecho, habría sido realmente agradable irse de cañas. Sólo por esto ya resulta de sumo interés (como ocurre con La Doble Hélice, aunque Watson no me resulte tan adorable como Darwin).

2) Darwin demuestra en su autobiografía tener algunas de las capacidades más importantes en un futuro científico, como son la tenacidad, el esfuerzo o la humildad. Creo que el joven (y no tan joven) biólogo encontrará en la figura de Darwin a un modelo a imitar en muchos aspectos.

[…] mi éxito como hombre de ciencia ha estado determinado, hasta donde me es posible juzgar, por un conjunto complejo y variado de cualidades y condiciones mentales. Las más importantes han sido el amor a la ciencia, una paciencia sin límites al reflexionar largamente sobre cualquier asunto, la diligencia en la observación y recogida de datos, y una buena dosis de imaginación y sentido común.

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Gould: El cazador cazado


Quizá hayas leído algún libro de Gould. Alguno de ensayos, o puede que La Vida Maravillosa. Lo que es menos probable es que hayas leído el ladrillo (ladrillo sin ánimo despectivo, que El Origen de las Especies también lo es) de La Falsa Medida del Hombre. En él, Gould intentaba echar por tierra muchas teorías deterministas basadas según él en los prejuicios, según las cuales las diferencias sociales y económicas en los distintos grupos obedecerían a la genética.

Si habéis leído algún libro de Gould (y si no tranquilos, ahora os lo cuento) os habréis dado cuenta de tres constantes en sus escritos: a Gould le gustaba el Béisbol, a Gould le gustaba citarse más que a un tonto un palo, y por último para Gould el mundo científico estaba lleno de prejuicios, que impedían en muchas ocasiones realizar mediciones e investigaciones fiables.

Una de las partes más famosas, impactantes y citadas de La Falsa Medida del Hombre hace referencia a Samuel Morton y sus mediciones de volúmenes de cráneos. Es tan impactante que al leerla, le dediqué una entrada en su día, aterrorizado en mi ingenuidad de estudiante de que un científico repleto de objetividad y buenas intenciones pudiera comenter un sesgo tan grave. Morton, considerado un objetivista ejemplar en su época, realizó una cantidad ingente de medidas en una colección asombrosa de cráneos que logró adquirir por todo el mundo. Morton realizaba la medición del volúmen de los cráneos a partir de semillas primero y balines después.

Según Gould, los prejuicios de Morton le llevaron a querer demostrar ya desde el principio (probablemente de manera inconsciente) que los Caucásicos eran superiores, y sesgó sus mediciones (también involuntariamente) para conseguirlo. Esa parte se ha convertido en posiblemente la más citada del libro y durante los siguientes 30 años, Morton se convirtió en un cuento de viejas que los doctorandos contaban a los becarios antes de irse a dormir: «Ten cuidado al realizar las mediciones o te pasará como al pobre Morton», decían en las noches de tormenta. En realidad esto ya es curioso porque no está muy claro que Morton equiparara (incorrectamente de hacerlo) el volumen craneal con la inteligencia, de manera que aún si según sus datos los caucásicos «ganaran» (que no es el caso) habría sido una victoria un poco de chichinabo.

El efecto somnífero del libro permanece intacto a pesar de todo.

Una publicación reciente intenta desmontar estos hechos. Considera que Gould erró en sus conclusiones, y posiblemente menos involuntariamente de lo que aseguraba que lo había hecho Morton. Intentemos explicar por encima algunos de los puntos en los que se basan para decir esto:

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Próximamente: Los productos naturales ¡vaya timo!


Un nuevo «timo» se acerca y eso siempre es algo emocionante, pero este en concreto tiene una pinta suculenta. Hablo de Los productos naturales ¡vaya timo!, que podréis encontrar en vuestra librería a partir de la semana que viene o que ya podéis pedir en la web de Laetoli.

El libro está escrito por JM Mulet (del que finalmente descubrí que se llama Jose Miguel), profesor de la UPV, colaborador de Amazings, autor del blog homónimo Los Productos Naturales ¡vaya timo! y mordaz Tuitero. En su libro analizará la moda de los productos ecológicos y contestará a una serie de preguntas: ¿son realmente efectivos? ¿de verdad ayudan a proteger el medio ambiente? ¿son más seguros? ¿está justificado su aumento de precio?…  Al terminar de leer el libro tendremos suficientes argumentos de peso como para poder elegir con juicio y en definitiva, no dejar que nos timen.

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De cómo tratan los medios a la ciencia


[…] los medios generan una especie de parodia de la ciencia. Dicha parodia configura una plantilla conforme a la cual la ciencia es descrita como un conjunto de enunciados sobre la verdad, pretendidamente didácticos pero incomprensibles y sin base, que pronuncian los científicos, unas figuras de autoridad socialmente poderosas y arbitrarias, que no están sujetas a elección popular. […] todo lo relacionado con la ciencia se ve como algo poco fundado, contradictorio, probablemente destinado a cambiar en breve y […] «difícil de comprender». Tras haber creado semejante parodia, los comentaristas la atacan, como si estuvieran criticando el verdadero original de la ciencia.

Ben Goldacre. Mala Ciencia.

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Abono no, gracias


Acertadísimas las palabras de Ben Goldacre en su Mala Ciencia, las cuales coinciden bastante con mi punto de vista acerca del progreso y el rechazo al mismo:

No tengo ninguna gran queja en contra del movimiento de defensa de los alimentos orgánicos (aun cuando sus pretensiones sean un poco irreales), pero, aún así, es importante señalar que la tienda de Graham promocionaba la comida que allí se vendía (y hablamos del año 1837) por haber sido cultivada conforme a «principios fisiológicos» en «suelo vírgen sin viciar». Según el fetichismo «retro» de la época, eso significaba que se trataba de un terreno que no había sido «sometido» a «sobreestimulación» … ¡con estiércol!

En los siete capítulos del libro que he tenido el placer de disfrutar y devorar hasta el momento, me he encontrado con muchísimas frases dignas de ser enmarcadas, sin embargo esta en particular ha atraído mi atención. Inmediatamente ha venido a mi mente un futuro en donde se nos vendan las maravillas de comer «carne clónica ecológica», o «verduras transgénicas cultivadas sin biopesticidas». Cómo cambia el mundo.

PD: El tal Graham que se menciona, no es otro que el creador de las famosas galletas Graham.

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