Archivos en la Categoría: Palabras

Ernesto Sábato y los retos de la divulgación científica


Alguien me pide una explicación de la teoría de Einstein. Con mucho entusiasmo, le hablo de tensores y geodésicas tetradimensionales.

– No he entendido una sola palabra – me dice, estupefacto.

Reflexiono unos instantes y luego, con menos entusiasmo, le doy una explicación menos técnica, conservando algunas geodésicas, pero haciendo intervenir aviadores y disparos de revólver.

– Ya entiendo casi todo – me dice mi amigo, con bastante alegría -. Pero hay algo que todavía no entiendo: esas geodésicas, esas coordenadas …

Deprimido, me sumo en una larga concentración mental y termino por abandonar para siempre las geodésicas y las coordenadas; con verdadera ferocidad, me dedico exclusivamente a aviadores que fuman mientras viajan con la velocidad de la luz, jefes de estación que disparan un revólver con la mano derecha y verifican tiempos con un cronómetro que tienen en la mano izquierda, trenes y campanas.

– Ahora sí, ahora entiendo la relatividad! – exclama mi amigo con alegría.

– Sí, – le respondo amargamente -, pero ahora no es más la relatividad.

Este breve relato de Ernesto Sábato, aparecido en su primer libro Uno y el Universo, me parece que resume e ilustra a la perfección las dificultades a las que se debe enfrentar cualquier divulgador científico, que hace malabarismos constantes para hablar realmente de ciencia sin caer en las frivolidades.

Fuente

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Darwin, sobre el “virus de la fe”


¿No serán, quizá, el resultado de una conexión entre causa y efecto, que, aunque nos da la impresión de ser necesaria, depende probablemente de una experiencia heredada? No debemos pasar por alto la probabilidad de que la introducción constante de la creencia en Dios en las mentes de los niños produzca ese efecto tan fuerte y, tal vez, heredado en su cerebro cuando todavía no está plenamente desarrollado, de modo que deshacerse de su creencia en Dios les resultaría tan difícil como para un mono desprenderse de su temor y odio instintivos a las serpientes.

Autobiografía – Charles Darwin (versión sin censura de Editorial Laetoli)

Cambios de paradigma y ciencia chapucera


Los cambios de paradigma se caracterizan por una agitación intensa y una elevada productividad, seguidas, cuando las cosas se asientan, por un período de lo que se denomina “ciencia normal”. En función de la magnitud del cambio y del tipo de ciencia en cuestión, la fase inicial de entusiasmo y productividad puede durar meses o años. Los cambios de paradigma pueden ser el motor que impulsa el descubrimiento científico, pero al mismo tiempo están abiertos a la explotación a través de lo que yo llamo “efecto del carro de la música”. La oleada de entusiasmo por un área de investigación nueva y de moda crea una oportunidad utilizada por algunos investigadores para publicar trabajos concebidos precipitadamente y pobremente ejecutados, lo que les permite subirse al carro de la música. Este proceso se ve facilitado por dos factores. En primer lugar, las nuevas áreas de investigación tienen, por definición, pocos expertos capaces de evaluar de manera crítica el trabajo de los demás. En segundo lugar, los editores de las revistas científicas, ávidos de promover sus revistas mediante la publicación de resultados procedentes de áreas de investigación punteras, tienden a ser menos críticos de lo que son en otras ocasiones. Probablemente los cambios de paradigma siempre han estado acompañados por una parte de ciencia chapucera, pero estoy convencido de que la situación se ha agravado mucho a medida que aumentaba la competencia por los fondos de investigación o por las plazas en las universidades.

Tim Birkhead en Promiscuidad (las negritas son mías), un apasionante relato sobre la competencia espermática y la (por decirlo finamente) poliandria femenina.

De cómo tratan los medios a la ciencia


[…] los medios generan una especie de parodia de la ciencia. Dicha parodia configura una plantilla conforme a la cual la ciencia es descrita como un conjunto de enunciados sobre la verdad, pretendidamente didácticos pero incomprensibles y sin base, que pronuncian los científicos, unas figuras de autoridad socialmente poderosas y arbitrarias, que no están sujetas a elección popular. […] todo lo relacionado con la ciencia se ve como algo poco fundado, contradictorio, probablemente destinado a cambiar en breve y […] “difícil de comprender”. Tras haber creado semejante parodia, los comentaristas la atacan, como si estuvieran criticando el verdadero original de la ciencia.

Ben Goldacre. Mala Ciencia.

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Acertadísimas las palabras de Ben Goldacre en su Mala Ciencia, las cuales coinciden bastante con mi punto de vista acerca del progreso y el rechazo al mismo:

No tengo ninguna gran queja en contra del movimiento de defensa de los alimentos orgánicos (aun cuando sus pretensiones sean un poco irreales), pero, aún así, es importante señalar que la tienda de Graham promocionaba la comida que allí se vendía (y hablamos del año 1837) por haber sido cultivada conforme a “principios fisiológicos” en “suelo vírgen sin viciar”. Según el fetichismo “retro” de la época, eso significaba que se trataba de un terreno que no había sido “sometido” a “sobreestimulación” … ¡con estiércol!

En los siete capítulos del libro que he tenido el placer de disfrutar y devorar hasta el momento, me he encontrado con muchísimas frases dignas de ser enmarcadas, sin embargo esta en particular ha atraído mi atención. Inmediatamente ha venido a mi mente un futuro en donde se nos vendan las maravillas de comer “carne clónica ecológica”, o “verduras transgénicas cultivadas sin biopesticidas”. Cómo cambia el mundo.

PD: El tal Graham que se menciona, no es otro que el creador de las famosas galletas Graham.

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