Archivos por Etiqueta: Mala Ciencia

¿Deben los no científicos hablar de ciencia?


Quiero dejar claro antes de empezar que  no me refiero a lo que pueda hablar cada uno frente a una cerveza, o cuando debate con los amigos, o incluso en un foro de internet. Me refiero a hablar de una forma que tenga peso en la sociedad: artículos periodísticos, televisión, libros, informes… me refiero a formas de opinión que pueden tener un impacto importante y que por lo tanto requieren una gran responsabilidad y preparación por parte del emisor. Por supuesto en la intimidad cada uno es libre de opinar o incluso hacer el ridículo en aquellos temas que desee.

Los conceptos y teorías científicas podrán ser más o menos complicados pero admitámoslo, cualquier persona mínimamente inteligente, motivada y que lea los libros adecuados puede llegar a entenderlos al menos superficialmente (que es como entendemos la mayoría de científicos multitud de temas alejados de nuestros campos) y por lo tanto llegar a hablar del tema con bastante seguridad. No es por esto por lo que me pregunto si los no científicos están preparados para hablar de ciencia. Saber lo que es la fotosíntesis, lo que es un gen (algo que deben buscar urgentemente buena parte de los comentaristas de menéame) o la teoría de la relatividad no es lo fundamental a la hora de poder entender y por lo tanto comunicar la ciencia.

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Gould: El cazador cazado


Quizá hayas leído algún libro de Gould. Alguno de ensayos, o puede que La Vida Maravillosa. Lo que es menos probable es que hayas leído el ladrillo (ladrillo sin ánimo despectivo, que El Origen de las Especies también lo es) de La Falsa Medida del Hombre. En él, Gould intentaba echar por tierra muchas teorías deterministas basadas según él en los prejuicios, según las cuales las diferencias sociales y económicas en los distintos grupos obedecerían a la genética.

Si habéis leído algún libro de Gould (y si no tranquilos, ahora os lo cuento) os habréis dado cuenta de tres constantes en sus escritos: a Gould le gustaba el Béisbol, a Gould le gustaba citarse más que a un tonto un palo, y por último para Gould el mundo científico estaba lleno de prejuicios, que impedían en muchas ocasiones realizar mediciones e investigaciones fiables.

Una de las partes más famosas, impactantes y citadas de La Falsa Medida del Hombre hace referencia a Samuel Morton y sus mediciones de volúmenes de cráneos. Es tan impactante que al leerla, le dediqué una entrada en su día, aterrorizado en mi ingenuidad de estudiante de que un científico repleto de objetividad y buenas intenciones pudiera comenter un sesgo tan grave. Morton, considerado un objetivista ejemplar en su época, realizó una cantidad ingente de medidas en una colección asombrosa de cráneos que logró adquirir por todo el mundo. Morton realizaba la medición del volúmen de los cráneos a partir de semillas primero y balines después.

Según Gould, los prejuicios de Morton le llevaron a querer demostrar ya desde el principio (probablemente de manera inconsciente) que los Caucásicos eran superiores, y sesgó sus mediciones (también involuntariamente) para conseguirlo. Esa parte se ha convertido en posiblemente la más citada del libro y durante los siguientes 30 años, Morton se convirtió en un cuento de viejas que los doctorandos contaban a los becarios antes de irse a dormir: «Ten cuidado al realizar las mediciones o te pasará como al pobre Morton», decían en las noches de tormenta. En realidad esto ya es curioso porque no está muy claro que Morton equiparara (incorrectamente de hacerlo) el volumen craneal con la inteligencia, de manera que aún si según sus datos los caucásicos «ganaran» (que no es el caso) habría sido una victoria un poco de chichinabo.

El efecto somnífero del libro permanece intacto a pesar de todo.

Una publicación reciente intenta desmontar estos hechos. Considera que Gould erró en sus conclusiones, y posiblemente menos involuntariamente de lo que aseguraba que lo había hecho Morton. Intentemos explicar por encima algunos de los puntos en los que se basan para decir esto:

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Secuenciado el genoma de la leucemia… ¿en serio?


Hoy nos hemos despertado con esta noticia en varios medios, y aunque el descubrimiento es interesante e importante por igual, me temo que ha ganado el premio a Titulárido del Día. En todos los medios el titular es el mismo y esta vez la «culpa» la tiene la nota emitida por el mismo CSIC y el CNB, de la que (supongo) todo el mundo o al menos los primeros, han tomado el titular.

¿Se puede secuenciar el genoma de la leucemia? Lo primero que he hecho, para comprobar que no me ha dado un ataque de locura o de hijnorancia, es irme a la fuente original de Nature. Y lo primero que vemos una vez dentro es que, una vez más, los distantes científicos han optado por titular a su estudio como:

Whole-genome sequencing identifies recurrent mutations in chronic lymphocytic leukaemia

(Secuenciación del genoma identifica mutaciones recurrentes en la leucemia crónica linfocítica)

En vez de un más claro y cómodo:

We have sequenced the genome of leukemia!

(Hemos secuenciado el genoma de la leucemia!)

Veamos a dónde nos lleva todo esto.

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De cómo tratan los medios a la ciencia


[…] los medios generan una especie de parodia de la ciencia. Dicha parodia configura una plantilla conforme a la cual la ciencia es descrita como un conjunto de enunciados sobre la verdad, pretendidamente didácticos pero incomprensibles y sin base, que pronuncian los científicos, unas figuras de autoridad socialmente poderosas y arbitrarias, que no están sujetas a elección popular. […] todo lo relacionado con la ciencia se ve como algo poco fundado, contradictorio, probablemente destinado a cambiar en breve y […] «difícil de comprender». Tras haber creado semejante parodia, los comentaristas la atacan, como si estuvieran criticando el verdadero original de la ciencia.

Ben Goldacre. Mala Ciencia.

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Abono no, gracias


Acertadísimas las palabras de Ben Goldacre en su Mala Ciencia, las cuales coinciden bastante con mi punto de vista acerca del progreso y el rechazo al mismo:

No tengo ninguna gran queja en contra del movimiento de defensa de los alimentos orgánicos (aun cuando sus pretensiones sean un poco irreales), pero, aún así, es importante señalar que la tienda de Graham promocionaba la comida que allí se vendía (y hablamos del año 1837) por haber sido cultivada conforme a «principios fisiológicos» en «suelo vírgen sin viciar». Según el fetichismo «retro» de la época, eso significaba que se trataba de un terreno que no había sido «sometido» a «sobreestimulación» … ¡con estiércol!

En los siete capítulos del libro que he tenido el placer de disfrutar y devorar hasta el momento, me he encontrado con muchísimas frases dignas de ser enmarcadas, sin embargo esta en particular ha atraído mi atención. Inmediatamente ha venido a mi mente un futuro en donde se nos vendan las maravillas de comer «carne clónica ecológica», o «verduras transgénicas cultivadas sin biopesticidas». Cómo cambia el mundo.

PD: El tal Graham que se menciona, no es otro que el creador de las famosas galletas Graham.

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